lunes, 3 de marzo de 2014

Psicología experimental




Martin Seligman publicó en 1975 los resultados de un cruel experimento. Varios perros fueron enjaulados, y se les hacía sufrir descargas eléctricas que de ninguna manera podían controlar. Ellos ladraban enfurecidos y trataban de romper los barrotes.

Sin embargo, después de varios días en la misma situación, los animales dejaban de protestar, aceptaban resignados los ataques, y desarrollaban un estado de apatía y desmoralización muy parecido a lo que en los humanos solemos llamar depresión.

Esta canallada sirvió a Seligman para definir el denominado: “síndrome de indefensión aprendida”, y recibir muchos honores académicos.

Había, de todas formas, algunos perros que no se comportaban como los demás. Se mellaban los dientes hasta el último momento intentando salir de las jaulas, y aullaban incansables.

Estos perros inmunes al síndrome de indefensión aprendida no eran de ninguna raza, edad o sexo en especial, pero todos habían vivido un largo y costoso aprendizaje. Eran perros callejeros.

En este mundo de crimen y rapiña globalizados, en el que la esperanza se ha convertido en un lujo imposible, tal vez, junto a sesudos pensadores, haya que llamar como maestros también a aquellos perros callejeros que en la mayor adversidad se negaban a aceptar que su desgracia fuera inevitable.




Jesús Aller. Recuerda. Llibros del pexe, 2004.

Imagen: Richard Kalvar. Perro cansado. París, 1974.

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